Derechos de propiedad intelectual. Por qué los grupos de presión culturales están equivocados

Ya que estoy estudiando, vamos a aplicar los pocos conceptos que tengo en la mente y a comprobar que no me he equivocado al ponerle título a la entrada.

Desde la salida del Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en Internet” le he estado dando vueltas al tema. En concreto, al aparto del modelo de negocios que actualmente llevan a cabo las discográficas, medios informativos, editoriales y demás creadores de propiedad intelectual. Estoy totalmente de acuerdo con los puntos del manifiesto, aunque quiero darle base teórica económica a los puntos 5 y 6, algo que sea difícilmente discutible.

Partamos desde el concepto más básico, el de derechos de propiedad. La teoría económica establece que un derecho de propiedad es el que posee un propietario sobre un bien (tangible o no tangible) para disponer de él según le venga en gana dentro de las limitaciones establecidas por el marco legal. Ejemplo de libro de texto: posees todos los derechos de propiedad sobre tus riñones, pero no puedes venderlos a pesar de que esté demostrado científicamente que puedes vivir cómodamente únicamente con uno.

Al estar tratando con los derechos de autor, también nos interesa saber que la característica que permite el mercadeo de estos derechos es el derecho de uso. Cuando una discográfica vende un disco está vendiendo el derecho de uso del material intelectual que se haya depositado en ese formato (sea físico o digital). Los CDs, DVDs o archivos mp3 tienen escaso valor por sí, y todos estaremos de acuerdo en que su valor es irrelevante.

¿Y por qué se venden discos? Por la misma razón que se vende un ordenador, o una visita a un museo o cualquier otro tipo de bien o actividad. Existen personas que demandan propiedad intelectual y personas que ofrecen propiedad intelectual. Sería mejor simplificar el ambiente actual de la creación de propiedad intelectual, sobre todo desde la llegada de internet, así que nos trasladamos a un mundo donde existen únicamente demandantes y oferentes de música.

En una situación de mercado perfecta y si consideramos el derecho de uso como otro bien cualquiera, los precios y las cantidades se fijarían por si solas. Como no lo es, habrá algún factor que lo impida.

Hace 300 años, el mercado musical era mucho más sencillo. Por supuesto había oferta y demanda, pero los conciertos que se vendían (la manera más normal de comerciar con la propiedad intelectual musical en la época) tenían una característica muy peculiar, no se podía comprobar si sus preferencias se ajustaban de antemano. Por lo tanto, no existía el riesgo de que una transacción no se llevase a cabo porque el consumidor hubiese comprobado con anterioridad y gratuitamente la casi obligatoria necesidad que existe de alinear las preferencias del consumidor con las del oferente.

Durante muchos años la situación se mantuvo igual. Hasta que llegó la radio, y más concretamente las radios musicales. ¿Cómo modifica el panorama la introducción de este medio? Pues cambió completamente el mercado, pasó de hacer un bien no comprobable de antemano, a convertirlo en bien del que el usuario tenía cierto grado de capacidad selectiva. Sin embargo, los beneficios que traían eran más grandes que las desventajas. La radio abrió la puerta a la venta masiva de propiedad intelectual. Aunque existía un cierto riesgo de que los consumidores actuasen en concordancia con sus preferencias y por lo tanto aquellas obras que no triunfaban no durarían en el mercado. De hecho, aumentaron la competitividad.

Como ya se ha mencionado, la música se popularizó y, expresándolo de alguna forma, el dinero máximo medio que una persona estaba dispuesta en gastarse en música bajó proporcionalmente al aumento en el número de consumidores. Las rentas altas, una vez las grandes consumidoras de propiedad intelectual quedaban relegadas a un segundo plano. Las masas de Ortega y Gasset tomaban el control de las preferencias del mercado, y con razón porque eran increíblemente más rentables que el otro grupo social, pero a cambio de un importante coste, el precio generalizado de una unidad de propiedad intelectual se situaba por debajo que con anterioridad.

Hace unos pocos años, dimos forma y expandimos la internet por todo el mundo. En un corto periodo de tiempo llegó a todos los hogares del mundo (desarrollado) y facilitó el intercambio de archivos entre personas y proporcionando la base de infinitos modelos de mercado. Las empresas culturales continuaron ensimismadas en su rentable negocio, sin tener en cuenta la revolución que había empezado esta red en los consumidores. Al ser capaces de alinear sus preferencias con la oferta del mercado en su totalidad, de antemano y sin ningún coste, empezó la verdadera revolución de las preferencias.

Esta revolución consiste en que para el consumidor actual, la propiedad intelectual literalmente no tiene valor monetario. Es increíble que en tan poco tiempo haya cambiado los hábitos de conducta de la sociedad, pero en efecto ha conseguido que el valor monetario sea extraído de cuajo de la ecuación. El razonamiento actual es: “si tengo internet, ¿por qué voy a pagar por la canción?”. ¡Al LORO!, eso no es por culpa de la piratería. Internet se ha convertido en una radio a la carta. No hay que recurrir a métodos “ilegales” para escuchar una canción sin pagar un duro. De hecho no hace falta ni escucharla para cambiar las preferencias de los consumidores. Los foros de discusión ejercen esta función, aunque suelen alcanzar a pocos usuarios.

El resultado es que el valor monetario por defecto de una pieza musical sea 0€. Sin embargo, la utilidad de dicho bien para el usuario es ilimitada (entiéndase utilidad por el valor personal que un bien o servicio tiene para cada individuo). La compra de un disco se considera una recompensa para el creador por su obra. Aquellos que realizan una obra que agrada son recompensados. Los que no, se ven obligados a dejar el mercado. Es un sistema de incentivos en el que los consumidores poseen toda la información.

¿Es injusto? Puede ser. ¿Se puede cambiar? Es posible, pero no con las actuales medidas que se están tomando.

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