Análisis de un sistema desfasado

Provengo de un sistema educativo bastante anticuado, en el que la innovación, la investigación por parte del alumno y cualquier intento de iniciativa que se salga de las normas establecidas por las Comunidades Autónomas es despreciada y tachada de inadecuada. Fijémonos, por ejemplo, en el caso de la asignatura de Historia (ya sea en su vertiente de 1º de Bachillerato, Historia del Mundo Contemporáneo, o en la de 2º de Bachillerato, Historia de España).

Nos hallamos ante una asignatura diseñada por catedráticos de universidad, desilusionados con lo que debería ser su gran pasión, que además utilizan las técnicas más ineficaces de la vieja escuela para determinar los temarios, establecer los criterios de evaluación y elaborar exámenes. Me refiero a la preparación de los famosos exámenes de Selectividad que tanto nos asustan a los estudiantes ya que en el ámbito de los institutos la metodología de enseñanza no está definida y al final es el profesor el que decide cómo enseñar.

Algunos podrían pensar que, después de todo, no es tan malo que los profesores decidan la manera en la que enseñan. Pero no estaría en contra de ello si no fuese porque los objetivos de la materias no están bien definidos. Qué enseñar está sujeto a constantes cambios, la mayoría de ellos arbitrarios y realizados por una sola persona (el coordinador de las Pruebas de Acceso a la Universidad), pasándose por el forro lo que sus compañeros de enseñanza opinan. Esta impunidad y tiranía del catedrático de turno no sólo entorpece la capacidad y calidad de la enseñanza, sino que además pone en contra a los elementos que permiten que la enseñanza sea factible, los productores de conocimiento y los distribuidores del mismo.

Conozco a más de un profesor que está tremendamente descontento por el contenido evaluable de las materias, así como de la falta de criterios de evaluación a la hora de corregir los exámenes. Es más, muchas veces los contenidos de los exámenes son predecibles, y pongo como ejemplo el examen de Historia de España de Selectividad en Murcia. En el examen se cumplió lo que la mayoría de profesionales de la enseñanza y alumnos sabía, que la evolución política de Al-Ándalus caería como pregunta. Y así fue por el simple hecho de que el coordinador de Historia de la Universidad de Murcia es especialista en historia medieval. ¿Es así como se espera que el sistema educativo mejore? Esperemos que no.

Pero Historia no es la única asignatura que necesita una reforma integral, de hecho, la necesitan todas. Ahora bien, si hay una asignatura que destaca por su predictibilidad esa es matemáticas. Es la mayor forma de autoengaño que he visto en toda mi vida. Ambos, alumnos y profesores, están convencidos que han aprendido algo en dos años de bachillerato. Pues es mentira. Lo único que han hecho en ese tiempo es aprender modelos de resolución de ejercicios. Si hay un problema de inferencia estadística, hay tantas maneras de solucionarlo dependiendo de la forma del ejercicio y de los datos aportados. Si cae un ejercicio de probabilidad, se hace de la siguiente manera. Ahora bien, plantea a un estudiante un ejercicio fácil de resolver que tiene varios métodos de resolución o varía respecto a lo enseñado, y tendrás una catástrofe.

Sin embargo, existen alternativas al adoctrinamiento establecido por todas las instituciones educativas, pero implican la intervención individual de cada uno de los profesores. Ellos, que deberían estar al servicio de la sociedad, se ven llevados por la corriente estupidizante del funcionariado, la burocracia y el pasotismo de la masa educacional. Aunque con suerte queden profesores que decidan enseñar de una forma que ayude a los estudiantes a ser autosuficientes, en el que se premie la capacidad de investigación, el trabajo en equipo y cuestionar aquello que no parece ajustarse a lo que dicta la razón (incluso si el resultado es estar equivocado), todavía queda un frente más al que iluminar, los estudiantes.

Si el ser humano es vago por naturaleza, y el estudiante es un ser humano, el estudiante es un vago. Con este simple silogismo podemos llevar a cabo un ilusión de la realidad del sistema educativo. Pero como se trata de un silogismo, es imperfecto y no proporciona una explicación, ya que se conocen las proposiciones de antemano. En primer lugar, no se lleva a cabo una reflexión de lo que de verdad se necesita para motivar a los estudiantes de cara a prolongar y mejorar su vida en el sistema educativo. No me voy a plantear la necesidad que todos los estudiantes acaben el ciclo completo de la enseñanza (desde mi punto de vista acaba en la educación terciaria, en cualquiera de sus subniveles –grados, licenciaturas, postgrados, doctorados, cursos de formación profesional de grado superior-) sino en lograr que aquellos que se sientan dispuestos y motivados a terminar la fase culminante de su vida académica, lo hagan en las mejores condiciones. Desde mi punto de vista, la clasificación de enseñanza terciaria se ajusta al deseo particular del individuo de seguir aprendiendo, sea cual sea su motivación, en un ámbito académico y más allá de la Educación Secundaria Obligatoria. Es por ello que difiere de la clasificación estadística tradicional y la razón que me lleva a incluir la Formación Profesional de Grado Superior.

Demasiada importancia se le da en los medios de comunicación y por ende se la damos la masa, a la tasa de abandono escolar. Supongamos que la tasa sigue creciendo, ¿no supone eso que la universidad dispone de gente más predispuesta a terminar el ciclo? Pero esto es políticamente incorrecto. No se puede asumir en nuestra sociedad moderna que hay gente cuyas expectativas académicas son más bien cortas por decisión propia. Todos tenemos los mismos deseos y aspiraciones. ¿Resultado de factores sociológicos? El que lo crea así, que intente cambiar la sociedad española para que su nivel de dejadez disminuya. El que no, que aporte a los que sí tienen intención de terminar el ciclo las herramientas necesarias para poder completarlo satisfactoriamente.

En España apreciamos situaciones ridículas en el ámbito académico universitario. Hay carreras sobresaturadas como Economía, Administración y Dirección de Empresas, Derecho y otras tantas. Pero también hay determinadas carreras que no consiguen ni un mínimo decente de alumnos. Un conocido mío va a empezar Filosofía y tiene serias dudas de que lleguen a ser más de 10 los que empiecen la carrera. Por otro lado tenemos las gremiales. Denominadas así por tener las características del sistema supuestamente abandonado tras la industrialización del mundo occidental. Véase como ejemplo la carrera de medicina, o notariado. Escudados tras la vacía excusa de evitar la “mala praxis” y el descontrol debido a una ingente cantidad de miembros, que dañaría su reputación, estas organizaciones limitan de tal forma el acceso a los alumnos que de verdad les interesan (aquellos capaces de poner todo su empeño en el estudio de ese campo) para dejar paso a otros que movidos por otras razones (ojo, que obtener un buen sueldo no es un mal motivo para obtener un trabajo o realizar un curso) no dejan paso al progreso en sus profesiones. ¿Cuántos médicos por vocación sucumben a la nota de corte cada año? Pero los colegios de médicos se excusan, ya que para ser médico hay que ser un estudiante brillante (en un sistema educativo ineficaz y repetitivo) y en el primer año ser capaz de absorber decenas de libros con memoria fotográfica, a la par que ser capaz de repetir los síntomas de una enfermedad tal y como un abogado recita de memoria los artículos de la Constitución. Quizá luego sean capaces de entender cómo se ha producido una enfermedad y las consecuencias que ello ha tenido en el organismo, pero me apostaría un buen dinero a que lo aprenden durante la residencia y de forma empírica. Y mientras tanto, en el camino se han quedado aquellos con la ilusión necesitada pero no los absurdos requisitos necesarios.

El principal problema al que se enfrenta el sistema educativo español es no ser capaz de dar a los estudiantes una enseñanza que abarque la innovación, deje a un lado los métodos tradicionales de aprendizaje que hacen que el alumno recaiga en el aburrimiento, les proponga investigar en aquello que les parece interesante, les ayude a sobrepasar las dificultades y les proponga pensar, en lugar de memorizar.

Atrás deberían quedar las clases con libros anticuados porque parecen los únicos con conocimientos consagrados. Hacer leer a los alumnos un libro de historia puede conseguir más por la asignatura y el alumno que un examen predecible y poco exigente. Conseguir juntar dos aspectos aparentemente separados como la realidad y las matemáticas podrán proporcionar mentes mejor preparadas a las universidades. Mostrar que no sólo existen una decena de asignaturas ayudará a la diversificación de facultades. Realizar pruebas experimentales (núcleo del método científico) creará científicos precoces. Enseñar las artes de un modo no teórico conseguirá que la gente se interese por los museos, la música de todo tipo (sería el adiós a la misma música monótona de siempre) y otras formas de expresión. Las ideas para una nueva forma de enseñanza son interminables. Es cuestión de ponerse a pensar y actuar para conseguir que la educación en este país, y porqué no en otros, mejore.

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